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sábado, 20 de septiembre de 2014

Poeta invitado: Batania Neorrabioso

Nací en Lauros (Vizcaya), en 1974. Me he autoeditado dos libros de poemas, la antología de amor y fracaso El amor es un ave sin nido que pone huevos en el aire (2013) y la antología de caballos La poesía ha vuelto y yo no tengo la culpa (2014), pero toda mi obra se encuentra publicada en los dos blogs que llevan mis nombres, Batania y Neorrabioso.
Batania es mi propuesta de espacio personal, un contrapaís de 1`76 de altura y 67 kilos de peso situado entre Argüelles y Malasaña, con un PIB mensual de 856 euros que se invierte a medias en alimentos para el estómago y el cerebro. Proviene del mestizaje de latania, palabra que leí por primera vez en Ocnos, de Cernuda, con el episodio de los batanes de El Quijote.
Neorrabioso es la propuesta de tiempo de Batania, un tiempo de rompan filas. Cuando comencé en la poesía se me hizo la misma crítica desde muchos ángulos: mis poemas, decían, eran tan violentos que no se entendían en una democracia. “Escribes demasiado rabioso”, me precisaron, y yo me añadí el neo- más por autoparodia que por intención agresiva. El adjetivo me vino a la cabeza por una carta de Clarín a Menéndez Pelayo que leí en Los ensayos liberales, de Gregorio Marañón.
Toda mi berza política se resume en dos: ningún territorio más grande que Malasaña y ninguna empresa más grande que Bar Cristóbal. Aunque pasé por tiempos más optimistas y mi poesía está cancerada de idealismo, ahora creo que no existen significados, que la poesía es una bobada y que lo único sabio es abrir otra lata de cerveza.
No creo en poetas que no lean diez veces más de lo que escriben. No creo en poetas que no tengan la papelera llena. Por lo demás, la principal diferencia entre un poeta normal y un poeta neorrabioso es que al primero le basta con tener unas nociones mínimas de la poesía que se ha hecho desde Homero a Nicanor Parra, pero el neorrabioso, además, debe acreditar una marca de menos de cuatro minutos el kilómetro, pues esa es la velocidad mínima que se necesita para huir de las patrullas policiales (dentro del coche son muy rápidos, pero cuando salen ya es otra cosa).

Pintada de Batania en Jaén.


Encuesta telefónica
¿Cuál es, para usted,
el acontecimiento universal
más importante de toda la historia?

–La muerte de mi padre –respondí.



Vivienda / Viviendo
Señores del gobierno infinitivo,
participiamente diputados,
díganme cómo,
dónde comer sin comiendos,
dónde soñar sin soñandos,
de qué manera,
cómo reír sin riendos,
cómo cantar sin cantandos,
cómo el amor, cómo el beso,
cómo el feliz fornicio,
señores del gobierno infinitivo,
participiamente diputados,
escuchen, atiendan el gerundiando:

Si no hay vivienda no hay comiendo.
Si no hay vivienda no hay amando.
Si no hay vivienda no hay riendo.
Si no hay vivienda no hay soñando.


Si no hay vivienda no hay viviendo.



Mi ciudad
Extraña ciudad la mía,
aquí se dice que habitan
tres millones de personas,
pero miro en la calle el trabajo en el súper el bar
en el banco en el bus en el metro en el cine el estadio
y acabo pensando
que en verdad habita
una
sola
persona
tres millones de veces.



La nectarina
Esta misma mañana,
en la frutería de al lado,
al caerse al suelo
una de mis nectarinas,
el frutero me ha dicho
“perdone caballero,
ahora se la cambio”,
pero me he negado,
no me parecía justo
cambiar una nectarina
por una caída,
una caída sola,
yo que he sufrido tantas...



Los límites
La amo cuando está
demasiado lejos
o demasiado cerca;
las distancias medias
solo sirven para amores a medias
y nosotros amamos al límite:
aquí se juega a trueno
o se juega a nada.



Noches aquellas
Noches aquellas de iguanas calcinadas,
lanzados a fuego por la autopista A-8
a la salida tardía del bar Sebas,
borrachos hasta más allá de las fuerzas,
acelerando desnudos en una Nissan Vanette
que conducía con el pulgar de mi izquierda,
noches aquellas con sabor a velocidad
y a punto de matarnos, Iratxe,
cuando querías torcer el volante contra la mediana
para morir unidos como Filemón y Baucis,
cuando jugabas a esbozar las caras de los urgencias
ante nuestros cadáveres desnudos y espléndidos,
las caras de los bomberos sacándonos con el cortafríos
y limpiándose nuestro semen con repugnancia,
noches aquellas del vino fácil y ardiente,
cuando mi padre era tan alto que nunca se acababa,
cuando tu cuerpo olía a belleza y a lluvia de primavera,
coreando como bandidos las letras de La Polla Records,
totalmente borrachos por el túnel de Malmasín,
totalmente desnudos por Kareaga Goikoa,
conduciendo libres y a mil ruedas por hora
mientras nos quejábamos de la Ertzaintza,
la Ertzaintza que nunca nos paraba,
la Ertzaintza que nunca una multa,
la Ertzaintza que nunca alcoholemia,
la Ertzaintza que no se atrevía.



Prefiero Natalia a la revolución
La prefiero a la defensa de la infancia, al cuidado del ozono.
La prefiero al final de las fronteras.
La prefiero a la Amazonia.

Más que alejar el hambre y la tormenta, el volcán y el terremoto.
Más que ahuyentar la crisis.
Más que parar la guerra.

Antes que salvar al tigre y al leopardo.
Antes que proteger al inmigrante.
Antes que el feminismo y la filantropía.

Por encima de la paz en Jerusalén.
Por encima de la paz en Kabul. De la paz en Trípoli.
Por encima de curar el cáncer o atajar el sida.

Mejor que el rescate de Grecia, la salvación de África,
             la sanidad, la lectura.
Mejor que la ayuda a Haití. Que la ayuda a Somalia.
Mejor que parar el racismo, la ignorancia, la policía.

Prefiero Natalia a los derechos humanos.
Prefiero Natalia a las libertades.
Prefiero Natalia a la democracia.
Prefiero Natalia a la concordia.
Prefiero Natalia a la justicia.
Prefiero Natalia a la revolución.



Cada vez tardamos más en llegar a la cama
Qué se puede hacer con una chica entre blanca y amarillo
que cursa en primero de rebeldes y en quinto de filología,
una mujer como un ramo de apio o como un cóleo sin maceta,
más bella que un triciclo silvestre o un orfeón de romeros,
que piensa a puño que Shakespeare no alcanza a Hemingway
y Cortázar aventaja a Stendhal por más de tres submarinos,

qué se puede hacer con esa chica si luce quince años menos
y te saca cinco centímetros de risa y altura, y desde tan arriba
te ataca y dice fuego a Tolstoi, abajo Hugo, cieno a Balzac,
fuera Propercio, vinagre a Dickens y cinabrio para Catulo,

qué se puede hacer salvo amarla, salvo apretar tu corazón prieto
sobre su corazón prieto, salvo besarla sin camisa ni pantalones
y olvidar sus calaveras de furia, gloriosa niña que te amo tanto
pero te crees la petunia de la muerte, vamos a ver, sarampiona,
en qué planeta es mejor tu Salinger que mi Lope de Vega,
dios mío, qué tontería, es que no puedo dejar de contestarte,
por tu puta culpa cada vez tardamos más en llegar a la cama.



Los pelícanos
Adónde pelícanos ibas con una mujer girasola
que tenía portaaviones de pájaros en la cabeza,
tú que te acercas sin centímetro ni ascensores
a las verjas electrificadas de los cuarenta años,

tú que sigues cultivando en macetas diagonales
los mismos nilos y las mismas calas enfermas,
adónde pelícanos ibas, qué pasó por tu cráneo
de afónica cilindrada e ignorancia sin lagunas,

cuántos errores de cepa tierna y globo de helio
crearás de nuevo y de nuevo lucirás orgulloso,
cuántas veces caerás y recaerás en tus jaguares
de glucosa adolescente, cuántos crisantemos

llevarás al nicho de los amores descuartizados
si no rectificas, si no abandonas para siempre
a los pelícanos y no metes, dejas ya de meter 
tus torpes dedos en los interruptores del viento.



Una mujer kilimanjara
Sé muy bien que mi historia
         es la historia del niño que miraba tanto al cielo
         que al final se le puso cara de nube,
y que la mujer que me ame
         deberá martillar mil veces en el vacío
         para acertar una sola vez en mi clavo,
pero dejadme pedir este mi quiero,
perdón por la tontería,
una mujer es mi requiero, mujer con grapa o tridente
         o blanco mogadiscio.

Una mujer con faros antiniebla. Quiero.
Una mujer que me sonría cuando descubra vacío el cofre
         de mi tesoro.
Una mujer soleada y sin airbag para besarla transparente
         en los extrarradios.
Una mujer con el alma impura y la piel impura y la cabeza
         llena de calcetines sucios.
Una mujer para decirte, Sofía (si te llamaras Sofía),
solo soy una nuez, pero si te atreves a partir esta nuez
hallarás dentro galeones y grúas y muchos elefantes.

Juntos crearemos una nueva versión de lluvia.
Patentaremos las pilas eternas para los Amores Descomunales.
Tendremos un hijo lunático y ajedrecista que fabricará bolas
         de palabras y destruirá el Bank of America.
Seremos como tenistas comiendo melón en el cine,
         y la gente nos señalará indignada:
“Mirad a esos, no hay derecho, ¡se están amando
         en pleno miércoles!”.

Perdón por la tontería,
pero no quiero mujeres que me nieguen el chocolate
         de estrellas,
o mujeres que minen el suelo con bolas de cicuta
         para que los koalas alegres de Lucifer
         no puedan revolcarse.
No quiero mujeres que respeten la apertura de sonrisa
         fijada por el gobierno,
o mujeres con paraguas que parezcan paraguas
         que llevan mujeres.

Una mujer con pulgones. Quiero.
Una mujer con erratas de luna para amarla en picado a pesar
         de sus virtudes.
Una mujer para plancharle las mejillas sobre latas de cerveza
         y llenárselas de colas de lagarto.
Una mujer cuyas pisadas no dejen huellas en la nieve,
         solo en los tétanos de mi corazón silvestre.
Una mujer para decirte, Paula, (si te llamaras Paula),
los fracasos que conoces son meras uñas de ratones:
los que yo te enseñaré serán leones enteros.

Juntos robaremos a mano desarmada una violeta salvaje 
         y la llevaremos en la boca con la divisa
         AMARNOS SIN DEBERNOS.
Criaremos caballos musicales cuyo galope sincronizado
         será el nuevo rock de Occidente.
Escribiremos del viento la primera traducción Viento-Español y Español-Viento.
Cocinaremos una nueva receta de beso con más de veinte
         ingredientes distintos, y la gente dirá:
“¿Una receta mágica de beso? ¿Pero qué
         sentido…?”.

Perdón por la tontería,
pero no quiero mujeres tan rectas que pongan comida
         matadelfines en los desagües,
o tan serias que necesite comprarme una pértiga para saltar
         la valla de sus cejas.
No quiero mujeres que no coman aceitunas por si el cáncer
         de mama,
o no vean baloncesto por si la prórroga, o no beban cerveza
         por si el embarazo.

Una mujer con algo de anaconda. Quiero.
Una mujer como un descampado para manosearla sobre
         paisajes de Chagall tigreados.
Una mujer que no sea túnel sino puente, que no sea cebolla
         sino naranja, que no sea triste y versitriste
         sino alegrista y en parapente.
Una mujer tan kilimanjara que necesite dos sherpas y un
         vaso de whisky para llegar del bajo de su carne
         a la cima con puma de su alma.
Una mujer para decirte, Raquel (si te llamaras Raquel),
si escribo versos es porque no sé escribir aviones:
mis poemas son mi pequeña forma de acariciarte.

Solo he vivido en dos lugares de este mundo
y fue en las bocas de las dos mujeres que amé.
A las dos quise por su exceso de cilindrada
y las dos me quisieron por mi falta de simetría.
Una mujer. Quiero.
Color de viento. Quiero.
Que suene a limones.

En las sábanas del futuro.
(Perdón por la tontería).

domingo, 7 de septiembre de 2014

Poeta invitado: Joaquín Fabrellas

Joaquín Fabrellas. 22 junio 1975. Estudia en la Universidad de Jaén y Granada. Licenciado en Filosofía y Letras. Aparece su primer libro Estertor en las piedras. Premio Poesía El Olivo del Ayto. de Jaén. 2003. Conoce a diferentes poetas que influirán en su formación estética y sentimental: Manuel Lombardo Duro, José Viñals, Diego Jesús Jiménez. Aparece el segundo libro: Oficio de silencio, galardonado con el premio de autores noveles de la Diputación de Jaén (finalista). Prosigue su evolución estética que comprende como una evolución, ningún poemario debe ser igual a otro. Conoce a autores como Luis García Montero, profesor en la Facultad de Filosofía y Letras de Granada, así como Miguel D'Ors, profesor también la misma facultad. Colabora en diferentes antologías como la confeccionada por Cuadernos Caridemo de Almería, o Jaén, de punta a cabo, así como en la antología realizada por la Universidad de Jaén, Cima de Olvido, antologada por el profesor e investigador Rafael Alarcón. Colabora también con Rakel Rodríguez en la editorial Raro y aparece en diferentes antologías, destacando, Poetas de Jaén, realizada por la Universidad de Jaén. Aparece su tercer poemario, Animal de humo, premiada en Córdoba con el Premio La manzana poética en 2005. Conoce a poetas como Francisco Gálvez, Agustín Delgado, así como Marcos Ricardo Barnatán. Desde entonces hasta 2014 no ha aparecido ningún poemario, teniendo pendiente de publicación No hay nada que huya y Monólogo del demente. Desarrolla la labor docente en un Instituto de Secundaria de la provincia de Jaén. Sus textos críticos pueden verse en diferentes revistas como Paraíso o en el blog: lo bello y lo difícil.

Joaquín Fabrellas en El Club de los Imberbes


La estación rota


Y se viste ya el almendro de estío,
Apenas le sirve el verde de excusa
Al invierno lejano cuando el árbol
Solo es su oscuro resumen de sombra.

Y  la frescura primera del día
Que se oculta así bajo el palio verde
De las muy temblorosas hojas ante
Un sol airado que atroz ya marchita
Desde el cálido corazón ausente
Que desde el alma humilde presto escapa.

Y el trigo rubio que expande el verano
O el viento que abandona así los campos
En tolvanera y olvido ya mezclados
La memoria de la piedra y la tierra
Que ufanas ofrecen la solución
Al breve tiempo que nos cumple siempre,
El breve tiempo del hombre  que nunca
Es el tiempo de la tierra o las cosas.

Pero solo el pino es fiel a su forma
Y anuncia alegre su olor y su sombra
Inmutables,  solo de luz, los días,
Inventando su destino parado
En la violencia sutil del verano
Que olvida el año distante del frío.

Y viene aquí esta estación insolente
A decir todo aquello que se fue,
Aquello que no quedará ya más
Entre nosotros, que somos el triste
Reflejo de lo que fuimos y solo
Materia de la carne y alma que pasa
Apenas entre lo escrito y lo dicho,
Desesperados por la inexistencia
Acüosa que nos desplaza fuera
Del tiempo del mundo que es raudo tiempo
Inescrito de los dioses difuntos.
Y la historia sin dicha que nos dijo
La verdad sin símbolos, sin palabras.

Cálido viento que a aventar ayuda,
Haciendo inútil el invierno ahora
Que el lagarto adorna las blancas tapias
Como el olvido o palabra no dicha,
Eterna luz de un verano insumiso,
Buscando en el mar su ausencia inconclusa
De tiempo y distancia ya reclamada
Por dioses inexistentes en vanas
Palabras como presentes insólitos
De un don celestial que viene de arriba
A relegarnos, a escondernos nuestra
Materia dudosa ya fabricada
En los límites inciertos del tiempo
Y la historia que inventan los espejos
Para reflejar una realidad
Deforme y ajena a la vil semejanza
De  ese Dios invisible y sin imagen
Que da nuestra imagen en un espejo
Inventado para olvido de todos.

Crece el óxido del tiempo al verano,
Con mano severa que desviste árboles
Y  al insecto acompaña a la rüina
Luminosa entre las oscuras hojas
Que ya no existen en ninguna noche,
Como tu nombre que zarpa al olvido,
Como ahora este verano tardío
Adelantando ya  la muerte al frío
Del infausto invierno y del tiempo helado
En versos sueltos de once, para heridas
Palabras, sílabas del abandono
No escuchadas ante el candor y bruma
De un estío indeciso entre tan alta


TINIEBLA.

jueves, 28 de agosto de 2014

Poeta invitada: Mara Leonor Gavito

Escribo poemas desde pequeña. Dice mi madre que, cuando tenía tres años, compuse el primero. Le dije: “Había una vez una nena que se llamaba Mara, que se subía a la escalera y no le pasaba nada”. A pesar de que esta anécdota podía augurar una carrera literaria prometedora, escribo poco y de forma esporádica (mi madre todavía mantiene las esperanzas). Nací en Avellaneda, Buenos Aires, el 31 de diciembre de 1972 y me crié en otra ciudad del sur de la capital, Temperley. Viví en algunas otras ciudades de Buenos Aires y estudié en la capital el Profesorado en Letras. Allí trabajé en una biblioteca y luego ejercí de profesora durante tres años hasta que me vine a España, en 2002. Ya de este lado del charco realicé oficios varios para sobrevivir de los que, el más destacable, fue haber sido librera en la Fnac de Marbella y haber trabajado en una tienda de vinos y artesanías en Ojén. Tener acceso gratis a libros y vinos varios fue lo más reseñable de estos trabajos. Tengo tres hijos, las dos mayores nacieron en Argentina y el tercero en Jaén. En esta ciudad retomé los estudios, obtuve el título de Licenciada en Filología Hispánica y el del Máster en Profesorado de ESO. Actualmente estoy realizando mi trabajo de iniciación al doctorado sobre el poeta argentino Hugo Mujica. Aparte de todo esto, actualmente engordo las cifras del paro de este generoso país. En cuanto a los poemas, gané el segundo premio del Concurso Facultad de la UJA este mismo año. Hasta el próximo, cuando se publique el texto con el que participé –“Crónica de un viernes de primavera”-, no cuento con obra publicada, así que todo lo que escribí, hasta ahora, solo lo he dado a conocer por los recitales de poesía de la ciudad y por envíos de mail. Por lo que no tengo más que palabras de agradecimiento a los poetas de Jaén que tan amistosamente me han hecho un sitio en el espacio poético de esta ciudad y a todos los amigos, conocidos y amigos de amigos y de conocidos que me han escuchado y alentado. A todos ellos les dedico las sentidas y escasas palabras que pude rescatar del maremágnum de la experiencia.

Mara Leonor Gavito en El Club de los Imberbes

¡Muchísimas gracias a Mara por ofrecernos la oportunidad de escuchar esta fantástica lectura! A continuación, os dejamos con algunos de los poemas que aparecerán en el libro de los ganadores del Premio Facultad 2014.  


De Crónica de un viernes de primavera 

LA MADRUGADA
De vuelta, en el colectivo,
tenés ganas de llorar
y no vas a llorar.
Te gusta mirarte desde afuera
como si fueras una marioneta
manejada por hilos imprecisos.
Estás representando una obrita de mierda,
y esta obrita es la vida misma:
eso es lo terrible.
La obrita la mirás vos sola,
sentada en una cómoda butaca,
y te identificás con el personaje.
Por eso sentís ganas de llorar:

la soledad te duele mucho más
mirada desde afuera.

EN LA CAMA
Inventás una torpe receta para seguir viva.
El primer viento de la mañana la borrará
insensiblemente.
Por la noche se te ocurrirá otra
y así podrás dormir.

Mañana será otro día.



Buenos Aires, septiembre de 1997

domingo, 3 de agosto de 2014

Poeta invitado: Antonio Palacios

Antonio Palacios nació en Jaén (1981). Fue colaborador en el fanzine literario "Poetica Seminarii" y en el blog Nueva Gomorra. Otras colaboraciones literarias se remiten a la revista Estudios, en su apartado "Poesía y crisis". Ha participado en diversas lecturas, recitales o encuentros literarios. Hasta el momento, sus publicaciones son libros de poesía: Laberintos de ser tiempo. Obrapropia. 2011. Edición impresa y digital (gratuita); Cantos a los poetas homéricos. 2012. Biblioteca Flores del Parnaso. Edición digital gratuita; La poesía bárbara. Obrapropia. 2013. Edición impresa; y Versos a quemarropa. 2014. Biblioteca Flores del Parnaso. Edición digital gratuita.
Ha participado en el proyecto colectivo del libro "Versos que caminan, palabras que sueñan", que versa sobre la ciudad de Jaén. 2014. Editado por la asociación Círculo Ánimas. Tanto en su modalidad de poesía como de relato breve. En la actualidad, se encuentra inmerso en diversos y heterogéneos proyectos tanto en poesía como prosa. Y en la elaboración, junto a la ilustradora Cristina Vela, de una antología poética española de autores hasta 35 años. Se le puede seguir en su blog Flores del Parnaso.


Antonio Palacios

Agradecemos a Antonio su participación en esta nueva lectura de El Club de los Imberbes y, os recordamos, que todo el que esté interesado en colaborar con su blog Flores del Parnaso puede mandar algún poema (en Times New Roman a 12 puntos de tamaño) al siguiente correo electrónico: floresdelparnaso@gmail.com ¡Animaos!

Y ahora, os dejamos con algunos de sus poemas.

Del libro Laberintos de ser tiempo
 
EL FINAL (Z)
El final debe ser algo así
como algún lugar en el extrarradio,
donde no alumbran las farolas.
Un sonido oclusivo quebrantando
la ley del silencio,
una media sonrisa infinita
brillante al ocaso de un mal día,
una frágil melodía venida del olvido
contoneándose en la memoria.


Del libro Cantos a los poetas homéricos

I
Te imagino sereno,
aunque todo se derrumbase

a tu alrededor.
Con la calma
de un poeta homérico.
Fumando un cigarrillo
Ante el papel en blanco.
Mientras tratas de escribir
sobreponiéndote a todo.
A las extensas jornadas de trabajo.
A los besos perdidos.
A todas las renuncias.
Al sueño. A la dura vigilia.
Y al despertar
que es toda creación.
Con el amargo pero silencioso
amago del llanto seco,
que los francamente heridos
sólo conocen.
Mientras absorto,
pareces alejarte un poco del mundo.
Sólo para sabiamente
tratar de comprender la vida.
Tú, que has pasado
la mitad de la tuya.
Buscando las siete cabezas de la poesía.


II
Te imagino
subiendo unas escaleras,
que crujen siempre
por los mismos lugares.
Llegando tras el infame trabajo,
bien entrada la noche.
Encontrando una casa vacía,
desordenada.
Sin nadie a quién desesperadamente
hacerle el amor.
Con el amargo sabor a pérdida
en los labios.
Un brillo en la piel a deserción.
Con la soledad
en el frío tacto.
Y un puñado de quejas mudas.
Preguntándote
¿Donde estabas hace quince años?


Del libro La poesía bárbara
 

I
- Venia a sacar a la poesía de un pozo. –
Decía.
Y un poeta viejo
le contestó: “Pues escribe”.
Y la encontró.
Entre los antiguos versos de Horacio.
En los sonidos de un charango.
En una calma homérica, llegada la madurez,
que jamás pensó hallar.
En lo uno y lo múltiple
de los bucles de un pelo anillado.
O en los tajos y las treguas vitales.
Cuando apenas nada más tenía que perder.


II
Esta madrugada,
en mitad del noble silencio de las cosas.
Con los giros que da el pensamiento.
Los vuelcos o tumbos de puro sentimiento.
Y un escalofrío de lucidez.
Entre el mito, el destino y el azar.


III
Por la avenida
de la ciudad sin límites.
En la que se despidió
de su último amor.
Aquel por el que un día.
creyó encontrar la dicha.
Aunque el cielo pareciera enmudecer. De golpe.
Como si castigara por una cruel traición.
Caminaba pensando en hacer una hoguera
con todos los antiguos posos de sus recuerdos.
Amarga era la quietud.
Lo demás silencio.

Y una mueca por triste sonrisa.
De abandono o desamparo.
Cuando todo era errancia y perdición.
Pero como si todo en verdad fuera nada.
– Se decía. –


Del libro Versos a quemarropa
 

I
Con el temperamento de mi juventud,
solía lanzarme en busca del futuro con frenesí,
antes que este me hallase
viejo y envenenado de sueños o anhelos,
que nunca sería capaz de cumplir.


IV
Atrás dejé los Paraisos perdidos,
los discos de Cohen.
Desde hoy,
tú y yo,
seremos como en Caballos salvajes.
La inversión nietzscheana de casi todo
será nuestro destino.


VIII
Una noche de aguacero
perdida en lo recóndito del tiempo,
en la que el cielo se iba a romper.
Decidí quemar las alas de mis sueños
para arrojarlas a un pozo de deseos,
en el momento más duro de mi vida.
Creí justo que debía deshacerme de algo
para poder acoger otras cosas.
Nadie supo nunca
que lo que yo quería,
era deshacer a la literatura de sus nudos,
dándole para eso hasta mi propio aliento.


jueves, 29 de agosto de 2013

Poeta invitado: Juan Cruz

Juan Cruz López es Licenciado en Humanidades. También es Licenciado en Antropología Social y Cultural. Actualmente trabaja en el Archivo Histórico Municipal de Jaén. Ganador del Premio Andalucía Joven de Narrativa (2008) y del premio para narradores jóvenes convocado por el Instituto de la Juventud de España en 2009, ha recibido varias menciones especiales en el certamen "Facultad de Humanidades" de relato y poesía que convoca la Universidad de Jaén. Autor de 50 pasos para dar el salto… (Berenice, 2008) y Cuento y aparte (INJUVE, 2009). En 2008 fue incluido en la antología Poetas de Jaén (servicio de publicaciones de la UJA). Varios de sus poemas y relatos han aparecido en revistas como La hamaca de lona, Abril o Narrativas. Ha participado en el foro poético Voces del extremo en sus ediciones de 2010, 2011 y 2013. Al margen de La banda de los 4, es editor de los blogs Nueva Gomorra (http://nueva-gomorra.blogspot.com/) y tr(a)nshistoria - historia disidente y periférica (http://transhistoria.blogspot.com/). Ha realizado la labor de selección de la antología Negra flama: poesía antagonista en el estado español. Próximamente se publicará su tercer libro de relatos y su primer poemario, El nombre de los hombres (Baile del Sol, en prensa). Es miembro del Consejo de Redacción de la revista Estudios.

Juan Cruz López

El verano pasado nos quedamos con las ganas de escuchar a Juan Cruz, otro de los grandes escritores que hemos tenido la ocasión de escuchar en el ciclo de poesía La Caja de Lot y que además está impulsando otras lecturas de Jaén. Pero esta vez, por fin hemos podido tenerlo en El Club de los Imberbes, donde sin duda, no pasó desapercibido.

Tuvimos la oportunidad de indagar en sus escritos como nunca antes lo habíamos hecho, y una vez más, nuestras preguntas dieron pie a varias discusiones acerca del mundo de la literatura y la creación.

Como es difícil resumir todas esas reflexiones (y tampoco tenemos tiempo para ello...), los que no estuvieron ese día tendrán que conformarse con la lectura de algunos de los poemas más interesantes que nos leyó Juan.

CONTABLES E INCONTABLES
¿Con cuántos miedos crecí?
¿Con cuántas
agujas clavadas
           en la garganta?
¿Con cuántas piedras
en los bolsillos
y cuánta
tierra en la boca,
ortigas
           en el paladar?

¿De cuántos hilos me tiran?

¿Cuántas preguntas vacías

traje
           con el pan
bajo los brazos
y cuántas respuestas ciegas me dí
para calmar la sed
con agua de mar?

¿Cuánto daño

hice / sin saber
y cuánto más
hice sabiendo?
¿Cuánta paz
hallé en la guerra?
¿Cuánto sudor
robé
          a mis iguales
y cuánto amor
gané / sin merecerlo?

¿Cuántos poemas

murieron sin germinar?

Cuánto peso

si no dejara de aventar
palabras
como mariposas negras.


SI TE DESCUIDAS
Si te descuidas,
los de la tele te venden
en plena madrugada
una vida nueva,
limpia y reluciente
como uno de esos cuchillos de acero
hechos para durar toda la vida.
Si te descuidas te venden
una ilusión de plástico, un pedazo
de mierda indeseable más
para taparte el vacío
que día tras día
se te hace más grande dentro.
Si te descuidas
la pandilla basura te mandará a tu casa
en apenas un par de días
otro trasto reluciente
que no sabrás bien dónde poner
ni cómo utilizar,
exactamente igual que tus hijos.
Si te descubres por la noche
vegetando tristemente
frente al televisor
                       cuidado,
ponte a salvo,
los chicos de la tele vendrán a rescatarte
aunque tú no quieras,
te ofrecerán aparatos para darte masajes
o para machacarte el cuerpo,
                                           da igual,
lo importante es creer
que no hemos perdido la capacidad de ser distintos,
de alejarnos de una maldita vez
del zombi o el fantasma en que no nos hemos convertido
muy a nuestro pesar.

Si te descuidas
los mercaderes te venderán
a precio de saldo una verdad nueva
que mascar durante un tiempo
como si fuera un chicle.
Ese es su trabajo
y al fin y al cabo
también el de todos nosotros.
Vender, comprar, tirar,
todo es lo mismo.
Nos enseñaron a comprar barato
y a vendernos todavía más.

Si te descuidas
los artesanos del deseo
te construyen un paraíso nuevo
para ti solo,
con facilidad de pagarlo a plazos
y sin gastos de envío;
incluso lo puedes devolver si no te gusta
y te reembolsan el dinero.
Aquí se puede descambiar de todo.

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O TE ARREPENTIRÁS.


CUERPO-ESPINA
Yo estaba clavado
en tu garganta
y no podías gritar,
cantar
           contarme cuentos
para mecerme en el dolor
y que no
           que no
                      que tú eres más fuerte que ellos
y tienes flores en las mejillas
y simiente nueva
en la vieja / cicatriz.
Espina aguja
la pluma de un pájaro clavada
en tu garganta
           de mujer preñada
de una conmoción distinta
y ahora como ya ser
si tú
         aquí
                  ya no
mis manos lejos
de tu cuerpo libro,
mi lengua fuera de tu lengua
cuerpo piel
           mis sueños
arrasados / una vez más
y yo
lejos del ojo
                      al fin
de la tormenta, de bruces
contra el sueño soñando
que se acaba todo
que seas feliz
que no quede ni rastro ni memoria
de mí
          que ardan
mis poemas y ya no más
poesía
           los ojos como platos
ese optimismo ciego
            ya no más
puños cerrados, el paso adelante,
las ganas perennes
                     de luchar
ya no / más / confiar en nadie

y entonces él
solo yo
            abrir un ojo
            contemplar
tu cuerpo bailando / en las cortinas
que mece la brisa

no, yo ya no sé
quién eres
pero te quiero
cerca de mí.

Me vuelvo a poner en pie.
Mi boca
ya no me sabe a polvo.
La veo caminar desnuda.
Viene hacia mí.
Su cuerpo
          guarda
toda la sabiduría del mundo.
Es imposible
vivir sin esperanza.
Mis manos guardan
el secreto que mis ojos velan.

Y si os habéis quedado con ganas de más, podéis buscar otros escritos suyos en algunos de sus blogs.

domingo, 11 de agosto de 2013

Poeta invitado: Antonio Alfonso Jiménez

Antonio Alfonso Jiménez, poeta y director de escena, tiene publicados los poemarios La calle es tan sólo un ruido (Universidad de Jáen, 1996), Piedra líquida (Universidad de Jáen, 2006), Canción insommne (Universidad de Jaén, 2011) y Vaciarse de otras voces (Diputación de Jaén, 2007), y el relato Crónica a oscuras (Universidad de Jaén, 2008). Ha sido antologado en Para qué + poetas, (Ediciones Eppur, 2010) y en la Antología de poetas giennenses (2006) del colectivo de artesanos El liñuelo, en cuya revista publicó durante años micro relatos y una serie de artículos sobre ciudades literarias. En un futuro querría ser panadero porque está convencido de que es el oficio más importante que existe.

Antonio Alfonso Jiménez en El Club de los Imberbes


En esta ocasión, tuvimos la suerte de tener como poeta invitado a Antonio Alfonso Jiménez, poeta que mostró un gran interés por la iniciativa y que vino con muchas ganas de compartir su visión de la poesía con nosotros.

Antonio comenzó leyendo algunos de los poemas que escribió en su imberbe juventud, es decir, con unos dieciséis años aproximadamente. Más tarde, leyó varios fragmentos de sus poemarios posteriores, explicándonos un poco en qué se había inspirado para escribirlos y haciendo así la lectura mucho más participativa.

Tras esto, y contra todo pronóstico, fue Antonio el que quiso proponernos unas preguntas sobre nuestro pensamiento hacia la poesía y la escritura... Abrió así un debate muy interesante en el que participamos algunos de los imberbes habituales y otros nuevos asistentes que se atrevieron a expresar sus ideas.

En resumen, Antonio nos ofreció una lectura genial en la que pudimos disfrutar de su poesía, de sus ideas y de sus consejos, además del buen debate-comentario que pudimos realizar entre todos, en el que no es realmente importante el obtener una conclusión, sino el enriquecernos gracias a la puesta en común.
¡Estamos deseando poder escucharle de nuevo en el recital final de septiembre!

Para finalizar esta entrada, os dejamos con algunos de sus poemas:


Dadle a mi corazón una casa en el aire.
- Juan Carlos Mestre -
Repartiste tu herencia con justicia.
A quien ama el silencio, contempla la tarde 
y se deja anidar vencejos en las manos, 
el cristal perfecto de un copo de nieve. 

Al huérfano 
el amor devoto de todos sus nietos. 

Para el amor adolescente, 
preso por el puño de la sed, 
los ríos helados del centro de Europa. 

Al niño que siega al final del verano, 
y duerme en el saco repleto de trigo, 
un grano de polen guardado en sus dedos. 

(de Piedra líquida, 2006)



Primero subo las persianas,
después desayuno en la cocina.
Cuatro horas por delante, él ya se ha ido.
Deja todo preparado para hacerme unas tostadas
y un manto de café por encima de los muebles.

Su casa huele a café. El sudor en su ropa huele a café
y a algo dulce. Me desnudo y antes de lavarlas
me pongo sus camisas, me tumbo en su cama,
busco su hueco en la almohada.
La lavadora gira cuesta abajo, y yo giro.
A veces se me escapa su nombre en un suspiro.

Tiendo la ropa de color, pongo la blanca,
barro el piso, quito el polvo, friego, plancho.
Me queda una hora, hoy le cocino.
Hago empanada, así tendrá para dos días.

Me ducho en su ducha, me cambio en su cuarto.
Me deja preparado el dinero en la entradita.
Dos veces por semana. Ocho euros la hora.
Lo meto en el bolso y a otra casa.

En el ascensor me pregunto si en mí piensa
cuando entra en su casa por la tarde
y lo recibe en el pasillo una nube de manzanas.

(de Valle, inédito 2012)